Conflictos y Covid dejan sin educación a indígenas

Aldama.- María Luciana Lunes, de 13 años, aún convalece tras recibir dos balazos de grupos paramilitares en un conflicto armado en el sureste mexicano que, al combinarse con la pandemia, ha dejado sin educación a cientos de niños indígenas en Chiapas. 

María Luciana cuenta que ella y sus 7 hermanos pasan el mayor tiempo en el refugio del municipio de Aldama, donde viven bajo el acecho de los paramilitares por los conflictos agrarios con el pueblo de Chenalhó, que tienen sin escuela a niños de primaria y secundaria. 

Las agresiones en Aldama se agudizan desde hace cuatro años por una disputa de 60 hectáreas con el municipio de Chenalhó. 

Al conflicto que ya existía ahora se suma la pandemia de COVID-19, que ha dejado cerca de 72,000 muertos y alrededor de 680,000 casos, por lo que las familias prefieren esperar para continuar con la educación de sus hijos. 

“Ya tiene más de dos años que ya casi no están estudiando, no están aprendiendo, pobres niños, ya están grandes sin que sepan leer”, comenta María Jiménez, una de las mujeres de un grupo de madres indígenas con entre cinco y nueve hijos cada una. 

Los conflictos armados han dejado seis personas asesinadas y 21 heridas, incluyendo tres menores de edad, de 2017 a la fecha, según los pobladores. 

La rivalidad de Santa Martha, en Chenalhó, y las comunidades de Aldama, data de la década de los 70, aunque por mucho tiempo llegaron a acuerdos. 

A mediados de 2016 los conflictos se intensificaron en la zona limítrofe, que sigue bajo ataque permanente, al grado de forzar el desplazamiento de familias de 11 comunidades.

La violencia de estas confrontaciones se ha combinado con el riesgo de la pandemia.  (Fuente: EFE)